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Modelo Anáhuac de educación

Una visión motivada de la dignidad y centralidad de la persona humana: En nuestras universidades, los estudiantes y la comunidad académica en general han de asumir la grandeza del hombre, cuya dignidad estriba en su mismo ser, no en lo que posee o produce. Todo hombre es creatura de Dios, creada a su imagen y semejanza, es capaz de conocer la verdad y de buscar libremente el bien.

• Una visión profundamente humana y social de la profesión: Al concluir sus estudios, los egresados han de ejercer su profesión con un hondo sentido humano y de servicio a la sociedad. El trabajo profesional, además de ser un medio para desarrollar las propias capacidades y para resolver dignamente las necesidades de la propia familia, debe contribuir al bien común de la sociedad en que se vive.

• Una sólida formación moral: En el ejercicio pleno y legítimo de su libertad, como corresponde a su dignidad humana, la verdad debe iluminar la conciencia de nuestros alumnos y egresados para que su actuar esté siempre orientado hacia el bien. La ciencia y la tecnología sólo tienen sentido si están al servicio del hombre, y esto se consigue cuando éstas son desarrolladas por personas con una recta conciencia moral.

• Una visión crítica del desarrollo cultural: Toda época en la historia es fruto de una larga evolución cultural. Por lo mismo, conocer críticamente esta evolución y cómo ha marcado la propia época y cultura, con sus aspectos positivos y negativos, permitirá a nuestros egresados injertarse mejor en su propio ambiente y trabajar con mayor eficacia en la transformación para bien del mundo que les ha tocado vivir.

• El sentido último de la propia vida: Debemos ayudar a nuestros alumnos a descubrir el sentido último de la propia vida; que el hombre ha sido creado para amar y alcanzar a Dios, y por ello los bienes materiales, aunque necesarios, no logran saciar plenamente sus ansias de felicidad. Esta convicción debe llevar a los profesionistas a entregarse con responsabilidad a su familia, al trabajo y al servicio a los demás, distinguiendo siempre los medios de los fines.

• Un modo convencido de vivir la propia fe: Nuestras universidades han de crear esta corriente de pensamiento y de cultura basada en el conocimiento y la vivencia convencida de la propia fe, que será capaz de promover la reforma de las ideas y las costumbres de las sociedades en la medida en que ofrezca respuestas completas y convincentes a los interrogantes teóricos existenciales del hombre de hoy.

• La convicción de que la razón humana es capaz de conocer la realidad: Con su inteligencia, el hombre puede alcanzar las verdades propias de la vida diaria y de la investigación científica que se apoyan sobre evidencias inmediatas o confirmadas experimentalmente; también accede a las verdades de carácter filosófico, a las que llega mediante la capacidad especulativa de su intelecto; y, finalmente, a las verdades religiosas contenidas en las respuestas que las diversas religiones ofrecen en sus tradiciones a las cuestiones últimas.

• Una excelente formación profesional: La preparación profesional que requieren nuestros alumnos debe capacitarlos para afrontar con éxito los retos que presente su propio campo laboral en una sociedad internacional y globalizada, despertando en ellos el deseo de una actualización constante. Esta formación no puede limitarse solamente a la transmisión de conocimientos, sino que debe buscar también el desarrollo de habilidades que permitan al estudiante aprender a aprender, a manejar la información y los conocimientos que habrán de adquirir durante sus estudios y en el futuro; así como desarrollar la creatividad, las capacidades de pensar en forma clara y rigurosa, de análisis y síntesis, de resolución de problemas, de toma de decisiones, de investigación y otras destrezas y aptitudes necesarias para hacer lo que se sabe y para realizar lo que se conoce.

• Una capacidad de comunicación eficazLa capacidad de comunicación es fundamental para que el profesionista se desarrolle en su vida familiar, social y laboral. Más aún, el desarrollo de esta habilidad resulta esencial para los egresados de la Universidad Anáhuac, llamados a ser líderes de opinión y a transformar la sociedad mediante la transmisión de los valores en los que han sido formados.

• La capacidad de influjo y liderazgoUna universidad no sólo debe impartir conocimiento de acuerdo a los principios y métodos de cada área de estudio y con la correspondiente libertad de investigación científica.Además debe educar a los hombres y mujeres que serán los verdaderos líderes en los ámbitos científico, técnico, económico, cultural y social. La Universidad tiene que ser una comunidad con la misión de capacitar a los líderes en el muy importante campo de la vida misma; líderes que hayan hecho una síntesis personal entre fe y cultura, que estén deseando y sean capaces de asumir tareas al servicio de la comunidad y de la sociedad en general.

Nuestra pedagogía también concede gran importancia al trabajo educativo programado con objetivos claros y con medios eficaces para lograrlos. Sólo con un trabajo programado de cada alumno se podrá ir logrando un progreso en la formación y la consecución de diversas metas en el campo intelectual, humano, social, ético y espiritual.

Si los profesores sabemos interpretar que nuestro trabajo con los estudiantes, no es el resultado de la administración de técnicas, sino un proceso de facilitación para el crecimiento personal y profesional de nuestros estudiantes, podremos cumplir con la filosofía, la misión y los objetivos.

Formar personas y profesionales en una universidad católica es un reto, una responsabilidad y representa la satisfacción de contribuir a la formación de hombres libres, y de una sociedad crítica, inteligente y con voluntad al servicio del bienestar social.